Editorial

Las Primaveras de Cuba

 

Por voluntad del mandarinato verdeolivo, Cuba no celebra el 20 de mayo. La república recibida en su momento con lágrimas en los ojos por el generalísimo Máximo Gómez y por los héroes que con él sobrevivieron, quedó relegada a la condición de ‘república mediatizada’. Cuba se convirtió en Castrolandia y hoy, gobierna una castrocracia geriátrica, dispuesta a hundir la Isla en el mar, sin siquiera permitir que antes, salga a medias del mal en que malvive.

Las palabras de orden en la Isla son corrupción, represión y miseria. Lo único bueno es que al fin, todo está en vías de terminar. Como hace ciento ocho años, este 20 de mayo de 2010, sufrimos presencia española. Una fuerte alianza entre intereses económicos hispanos y poderosos sectores dentro de la dictadura recrean un paisaje ya conocido desde el punto de vista histórico.

Como los tiempos y las circunstancias cambian, la presencia española hoy ya no es la de aquellos esforzados hombres y mujeres sencillos, que trabajaron y soñaron hombro con hombro con los nacionales. Hoy y en el futuro, habrá que lidiar con plutócratas y oligarcas dispuestos a exprimir al obrero cubano, para sacar más y más ganancias de sus hoteles discriminadores.

La cosa se va más allá de Zapateros y Moratinos. Llegan mensajeros profanos y divinos. El grupo Prisa posiciona su disidencia mediática y hasta los repres de la policía de Seguridad del Estado hablan de cómo y cuanto cambiarán las cosas.

El gobierno demanda calma y tiempo para hacerlo todo en orden y claro, para organizar la piñata. La fórmula desde el poder será de cambios ambiguos y de contornos desconocidos, en lugar de transición diáfana a la democracia. Cambios que posibiliten una piñata y no transición plena a la justicia y a la democracia.

La Cuba geriátrica y oficial no celebra el 20 de mayo. Pero en la víspera, aun flota en el aire como premonitoria advertencia, aquella frase de “más se perdió en Cuba”. El viejo e inolvidable mantra político, que por igual quita sueño a los inversionistas de Meliá y a los empresarios verdeolivo.

Preparémonos para repetir con el generalísimo Gómez, en el momento preciso: “Hemos llegado”. Pero eso sí, sin piñatas ni colaboracionistas. Con el recuerdo reciente de nuestra primavera triste y digna de marzo y aquella primavera de esperanzas de mayo en 1902, específicamente, el día 20 de nuestra primera república democrática. ■