Nación en venta

Odelin Alfonso Torna

Desde 1959, la revolución cubana apostó todas sus cartas a la ideología comunista para luego mutar en lo que es hoy, un capitalismo de Estado.

En 1968, durante la llamada ofensiva revolucionaria, fueron cerrados 58 mil pequeños negocios. Seis años antes, las industrias, sus activos financieros, medios de transporte, inmuebles y tierras, pasaron supuestamente “a manos del pueblo trabajador”.

La nacionalización significó el certificado de defunción para la clase media y alta. A los cubanos y extranjeros víctimas de las expropiaciones que no abandonaron el país, se les compensó con una irrisoria indemnización, antecedida por un cambio de moneda que trajo no pocos suicidios.

Todo lo que oliera a capital privado era condenado por Fidel Castro, quien sentenció en junio de 1960: “Si el oro pudiera más que el ideal, los grandes intereses extranjeros nos habrían barrido del mapa; si el oro pudiera más que el ideal, la patria estaría perdida…”

A 51 años de aquella sentencia fidelista, su hermano Raúl Castro busca beneficios para su descendencia y el círculo de empresarios que le rodea. Y no sólo la patria se perdió y evade el naufragio económico con el retorno de las microempresas y la legalización en la compra y venta de autos e inmuebles, sino que en su tránsito hacia un socialismo corporativo, se prostituye al mejor postor extranjero.

Y sin embargo…

El gobierno cubano se escuda en el embargo económico y financiero norteamericano para conseguir patrocinio en países como Venezuela, España, China y Alemania. Incluso, desde Estados Unidos la empresa cubana ALIMPORT importaba hasta hace unos años el 96% del arroz y el 70% de los productos de carne avícola. Hoy estas importaciones han mermado, pero no sustancialmente.

Además de la venta de servicios médicos y deportivos, productos farmacéuticos y biotecnológicos, cemento, acero, níquel, equipos de electromedicina y otros renglones generadores de divisas, en Cuba existen 350 firmas, la mayoría administradas por las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Estas generan el 89% de las exportaciones, el 65% de las ventas internas en divisa convertible y además albergan más del 25% de la fuerza laboral en Cuba, según datos oficiales.

Entre las prácticas eliminadas y ridiculizadas por Fidel Castro después de 1959, estaban el deporte rentado y el juego. Particularmente la práctica de golf era considerada exclusiva de la burguesía republicana. Sin embargo, con el pretexto de oxigenar la economía, el gobierno de Raúl Castro autorizó a compañías foráneas a que inviertan en la construcción de campos de golf.

Según el Havana Times, con fecha del 14 de octubre, los primeros cuatro proyectos de este tipo con empresas de Canadá, México y el Reino Unido, ascienden a 1 500 millones de dólares de inversión, incluido el carácter perpetuo de las propiedades inmobiliarias adquiridas en Cuba por los inversionistas. De las obras constructivas se encargaría la compañía “estatal” cubana Cuba-Kanata Golf, SA. Los empresarios de verde olivo ganarían el 50%.

El que se casa, casa compra

Y mientras Raúl Castro parcela, subasta y administra la nación desde el ejército, vende a extranjeros terrenos y hoteles en zonas congeladas de la capital u otros lugares turísticos o de interés comercial, los campesinos usufructuarios cubanos sólo pueden disponer de 67 acres de tierra por un período de 10 años, según el Decreto-Ley 259.

Las estadísticas sobre el negocio inmobiliario en manos de la administración raulista, permanecen herméticas hasta hoy. Es muy difícil cuantificar las propiedades industriales e inmobiliarias que fueron confiscadas en los años 60 y que hoy el Estado vende o arrienda para subsanar el desastre económico.

Asombra ver cómo cerca del complejo de descanso Vista Hermosa, sólo para oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior, en la provincia Artemisa, fueron vendidas en 250 mil dólares americanos dos residencias fabricadas en islotes de la Bahía de Cabañas.
En esta localidad existen muchas grandes residencias construidas antes de 1959, algunas de ellas expropiadas por la revolución.

La nueva resolución sobre la compra-venta de viviendas y la autorización para que cada cubano pueda ser propietario de dos casas, una de ellas en calidad de veraneo, solo viene a validar una vieja práctica de los poderosos.

¿Ha comentado el gobierno cubano sobre el proyecto inmobiliario con Brasil que mueve en la zona franca de Mariel, provincia de Artemisa, un puerto estratégico a 43 kilómetros del centro de La Habana?

Feria de suertes echadas

La dirigencia histórica siempre ha criticado a Estados Unidos por “despojar a los países del Tercer Mundo de sus recursos naturales. Sin embargo, aunque el poder adquisitivo de muchos tercermundistas no sea el mejor, los venezolanos consiguen combustible en sus servicentros y los argentinos llevan la carne a la mesa.

Desde 1959, el cubano promedio se ha ido alejando de los principales rubros nacionales. Variedad de tabacos, rones, café, frutas, mariscos, pescados, embutidos, carnes, derivados del azúcar, medicamentos inmunológicos y anti cancerígenos, muebles, artesanías y toda una gama de productos de alta calidad y prestigio, salen del país en busca de divisas convertibles.

¿Es alentador saber que 55 países participaron en la XXIX Feria Internacional de La Habana (FIHAV), clausurada el 4 de noviembre pasado?

Todas estas naciones invitadas votaron a favor de la resolución de Cuba en la ONU, de poner “fin al embargo comercial y financiero de los Estados Unidos a la isla”. Sin embargo, ¿pudieron palpar cómo la economía cubana en moneda convertible, esa que la mayoría de los cubanos no disfrutan, prospera extramuros?

Un ejemplo es la gama de embutidos cubanos exhibidos en la FIHAV por el grupo Prodal, con una producción anual de 11 mil 400 toneladas e ingresos que superan los 15 millones de cuc (13.5 millones de dólares). ¿Entonces por qué se queja la empresa cubana ALIMPORT por tener que pagar al contado los alimentos a Estados Unidos, el país que nos embarga y surte a Prodal con un por ciento de materias primas?

De espalda y sin apresuramientos

¿Cuba transita desde un capitalismo de Estado hacia un socialismo corporativo?

Lo cierto es que el gobierno pone en venta las mismas viviendas, industrias y terrenos usurpados por la revolución de 1959, además de otros complejos inmobiliarios o empresas ganadas con los trucajes del capital mixto. Así es de sencillo, el país está bien repartido desde el mismo triunfo revolucionario y ante el festín, o como dice un colega, “la piñata”, aún permanecemos de espaldas y sin cordelito en la mano.

Desafortunadamente, desde hace 52 años no sabemos lo que es nación, país o gobierno. Mientras la salud corporativa toma escaleras arriba, en los estratos sociales más endebles se expiden certificados de defunción. Léase el lineamiento 3 del Modelo de Gestión Económica: “En las formas de gestión no estatales no se permitirá la concentración de la propiedad en personas jurídicas o naturales.”

Y el general presidente, Raúl Castro, no quiere apresuramientos con las reformas hacia abajo. Obviamente una nación en venta, destruida y con el oro en manos de una burguesía verde olivo apresurada por el futuro. Es como dice un viejo refrán popular: “pan pá hoy y hambre pá mañana”.
odelinalfonso@yahoo.com