La fuerza del gladiolo
Juan González Febles
Laura Pollán quedará en la historia como la animadora y cofundadora del movimiento civil contestarlo más exitoso de esta última etapa de lucha por el restablecimiento de la democracia, la libertad y el estado de derecho en Cuba. Las Damas de Blanco fueron su consagración y su obra más hermosa. Nacieron en la noche oscura de una Primavera Negra, pero quedarán en el recuerdo como sus flores más radiantes.
Durante varios años y aún hoy, descender o subir por la habanera calle Neptuno, en el municipio Centro Habana, hace latir diferente al corazón. Involuntariamente se dispara la adrenalina. Es la calle de Laura. Esa y también otras, se las quitó al Comandante. En Neptuno vivió Laura Pollán, encontraron sede las Damas de Blanco y comenzó la epopeya civil más edificante de Cuba en esta última etapa.
Laura dejó muy poco escrito. Alguna que otra declaración, quizás algún comunicado y cosas de ese corte. Como aquel viejo bolerón, lo que nos dejó, se queda marcado de forma indeleble, con tinta sangre en el corazón en los cubanos. El lienzo en que dejó su avatar, fueron las calles de nuestra ciudad y la memoria rebelde de sus contemporáneos.
Su odisea final, que para muchos comenzó a partir de que fue denunciado que porristas del régimen comenzaban a pinchar a las Damas de Blanco con objetos puntiagudos durante sus marchas, continuó y concluyó con su muerte, en el hospital General Calixto García de La Habana.
El aniversario de la muerte de Orlando Zapata Tamayo marcó el comienzo de una etapa en que Damas de Blanco maduró como movimiento civil. Las negociaciones inciertas y difíciles en que el gobierno usó al capelo cardenalicio para hallar una salida a la crisis a que les abocó Damas de Blanco, en opinión de muchos, selló el destino de Laura Pollán en su tránsito a Dama de Cuba.
Con su muerte, Laura consiguió unir y aglutinar, igual que lo conseguía en vida. Vi escenas espontáneas de dolor fuera de la sala de terapia intensiva del hospital en que agonizaba. Vi llegar desde la iglesia de Santa Rita a las Damas de Blanco y apoyo. Con ellas, muchos opositores, disidentes, periodistas, etc. En aquellos tristes días de octubre, más de 100, casi 200 personas, esperaron en silencio noticias sobre Laura. Silenciosos, cautos y en un recogimiento poco usual, rezaron y desplegaron las alas de la esperanza.
Lamentablemente, en la sala de terapia intensiva donde agonizó y murió Laura, faltó la presencia permanente de un médico con avales profesionales y con los imprescindibles avales políticos del activismo pro democracia. Sólo el Dr. Darsi Ferrer consiguió participar en alguna que otra sesión, en que los facultativos oficiales aportaron elementos, considerados por muchos como insuficientes, sobre el estado físico de Laura hasta su muerte.
El velatorio de Laura fue mucho más emocionante e impactante. Para citar al menos una pincelada de aquel momento, recuerdo que Alfredo Fernández, presidente del Partido Democrático 30 de Noviembre, un hombre macizo de poquísimas palabras, cantó el himno nacional con los ojos enrojecidos por la emoción. Cuando los presentes en la funeraria aquella noche aciaga, (más de doscientos) cantaron para Laura el himno de Bayamo, tuve la certeza de que seremos libres, inexorablemente.
El libro de firmas colocado en la sede de Damas de Blanco, en la casa de Laura, nos retrotrajo a Neptuno. Durante tres días (15, 16 y 17-10-11) un libro de condolencias por la muerte de Laura Pollán Toledo estuvo en la sede de Damas de Blanco de calle Neptuno No 963 entre Hospital y Aramburu, Centro Habana, donde residía. Desde horas tempranas de la mañana del sábado 15, la afluencia de firmantes fue ininterrumpida. Entre tanto dolor compartido y multiplicado, me impresionó la desolación de alguien conocido por todos, me refiero al viejo Alfredo. Y Beethoven, un simpático perrito pequinés, que fue mascota consentida de Laura. El mundo pareció haber terminado para ambos.
Entre otros rasgos e instantáneas personales, Laura amaba mucho a los niños, a los ancianos y a los perros. Sin tratar de establecer precedencias, puede asegurarse que tenía una empatía muy grande con todo este grupo, con que disfrutaba mucho relacionarse.
Para la ocasión, el régimen refrenó su impudicia y las turbas de marginales dirigidas por la policía Seguridad del Estado no se presentaron. Esto no implicó que este órgano para la represión política ciudadana estuviera inactivo. Un gigantesco y descomunal operativo se desplegó a todo lo ancho y largo del archipiélago. La policía Seguridad del Estado cercó en sus hogares e impidió el desplazamiento hacia La Habana de un sin número de activistas con el propósito de que no se sumaran al último adiós a la Dama de Cuba.
José Daniel Ferrer, Roberto Valdivia y otros tantos activistas del centro, oriente y extremo occidental de la Isla, fueron cercados e impedidos de viajar hacia la capital. Pero algunos lo consiguieron. Arcelio Rafael Molina, miembro de la Unión Patriótica de Cuba, que preside Ferrer García, trajo desde la zona oriental de la Isla su mensaje en que expresó: “Se precisarán en un futuro las causalidades que determinaron la muerte de Laura Pollán. No puede precisarse hasta qué punto las violencias que sufrió, conllevaron el final trágico de pérdida para Cuba y la oposición interna que es y ha sido su muerte”.
Este Arcelio, sin proponérselo o quizás con la mejor de sus intenciones llegó a La Habana en una forma y condiciones que remedaría al más extraordinario de los ninjas, en el más fantasioso de los filmes. Sólo para satisfacer alguna curiosidad y sin faltar a la muy exigida discreción, pues diré que llegó embalado.
Otro que consiguió llegar sin azares espectaculares, fue el premiado y promovido Guillermo Fariñas, quien trajo la solidaridad y el apoyo de los opositores impedidos de estar presentes en La Habana, desde la zona central del país.
La última jornada tuvo lugar el domingo 16 de octubre. Este día, Damas de Blanco, de apoyo y un grupo muy plural que incluyó opositores, disidentes y miembros de la sociedad civil, asistieron a la misa ofrecida en sufragio de Laura Pollán, en la iglesia Santa Rita de La Habana, escenario primado de sus ya épicas caminatas al frente de las valientes mujeres de blanco.
Luego de la emotiva ceremonia religiosa, Berta Soler explicó que de manera excepcional para la ocasión, los hombres desfilarían junto a las Damas de Blanco. Así se hizo para rendir tributo y homenaje a Laura Pollán Toledo, que desde el amor y el servicio público, traspuso los límites de la mortalidad y hoy es Dama de Cuba. Bueno es señalar que Berta Soler, que queda al frente del grupo, tiene ante sí un gigantesco desafío. Ojala logre imponerse a las estrategias de penetración e implosión interna que de seguro alentará en su contra la policía Seguridad del Estado.
Con la fuerza del gladiolo, Laura ha validado a toda la oposición interna cubana. Demostró, al costo de su vida, que las calles pertenecen a todos los cubanos con coraje cívico para conquistarlas. Se une de esta forma en el altar de la libertad a Orlando Zapata Tamayo, Juan Wilfredo Soto García, Adrián Leiva, José Luís Boitel y otros muchos que la han precedido en el camino azaroso que aún recorre Cuba.
juan.gonzlezfebles1@gmail.com