Animal protegido
José Fornaris.
En Cuba, en las últimas décadas comer carne de res se convirtió en un lujo o un delito. En los mercados en divisa cuesta unos nueve dólares el kilogramo, lo que es casi la mitad del salario promedio mensual de los cubanos.
En 1946, la existencia de ganado vacuno en Cuba era de una proporción de 0.87 de res por habitante, más del doble del per cápita mundial que ascendía solamente al 0.35.
En esa época, en el continente americano, en cuanto a masa ganadera, solo estaban por encima de Cuba, Argentina, Uruguay y Colombia. El dato está en el libro “Geografía de Cuba” de Leví Marrero, edición de 1950..
Pero eso no se detuvo ahí. Se afirma, aunque es muy difícil encontrar las estadísticas al respecto, que más o menos un decenio después, había en la isla más vacunos que personas.
Incluso, un año después de la llegada de Fidel Castro y sus guerrilleros al poder, la carne de res era tan común como el agua, y por lo tanto su precio en el mercado minorista era prácticamente irrisorio.
En un listado de precios del llamado “Mercado Único - situado en un sitio que todos los habaneros conocen como “Cuatro Caminos”- publicado en el diario “Revolución” del 16 de noviembre de 1959, están anunciados estos precios: carne para guisar, 0.29 centavos; para asar, 035; bisté de punta de paleta y de lomo, 0.40. Todo era en libras.
Con la declaración del carácter comunista del régimen y la consiguiente expropiación de todos los recursos del país por el Estado, junto con la falta de libertad, al cambiar el sistema de vida, nada de lo disfrutado quedó sin limitarse o agotarse.
La masa ganadera comenzó a descender de manera vertiginosa, al extremo que hoy en día ni siquiera se menciona el número de reses que existen en el país. Como consecuencia, la carne roja dejó de ser un alimento común en la dieta de la población.
Primeramente se racionó a una cuota per cápita semanal, luego mensual, hasta la actualidad. Desde hace más de un decenio, sólo se vende a un precio razonable a través de dietas médicas.
Tal situación ha traído como consecuencia que ingerir ese tipo de proteína se convirtiera en un lujo o en un delito.
La carne de res en los mercados en divisa cuesta unos nueve dólares el kilogramo, eso es más de la mitad del salario mensual promedio en Cuba. Mientras que en el mercado negro la libra oscila en La Habana –en otras partes del territorio nacional es un poco más barata- entre 40 y 50 pesos. Adquirir esa carne en el mercado subterráneo está penado por la ley.
En el mes de octubre, el periódico oficial “Granma” dio a conocer que en el período comprendido entre enero y agosto del actual año, fueron hurtadas 22 mil 980 reses. Unos días después, durante un consejo de ministros realizado el 5 de noviembre, el general de ejército y jefe de los Consejos de Estado y de Ministros, Raúl M. Castro, dijo que había que continuar aplicando sanciones severas al robo de ganado mayor.
El artículo 240 del vigente código penal establece que: “El que sin autorización previa del órgano estatal específicamente facultado para ello, sacrifique ganado mayor, es sancionado con privación de libertad de cuatro a diez años”. También especifica que el que adquiera carne de res sacrificada ilegalmente, incurre en sanción de libertad de 3 meses a un año, o multa de 100 a 300 cuotas u ambas.
Ese artículo fue modificado en febrero de 1999; hasta esa fecha, las sanciones instauradas eran más o menos la mitad de las actuales.
Unos meses antes, en noviembre de 1998, el teniente coronel del Ministerio del Interior, Segundo Jefe Nacional de Instrucción y Movilización en el sistema penal, Raúl Luis Risco Pérez, informado de manera oficial que el marco sancionador por el hurto y sacrificio de ganado mayor sería aumentado, planteó algunas inconformidades al respecto.
Risco Pérez conocía que en esos momentos había más de 14 mil presos por esa figura penal, la gran mayoría de ellos jóvenes.
“Elaboré un informe –asegura- para el Secretario General del Partido Comunista de mi núcleo, donde entre otras cosas sugería que para bajar la incidencia de ese delito, se comenzará a vender la carne de res de forma liberada, más o menos al mismo precio que tenía la carne de cerdo. De esa forma, quien tenía un enfermo podía adquirirla y el que quería comprarla para sus hijos también podría hacerlo. Sugerí también que se permitiera a los dueños de las reses poderlas matar cuando lo estimaran conveniente, con la sola condición que asisiteran al registro pecuario a darle de baja”.
El funcionario partidista pasó el informe a la Contra-Inteligencia, y al poco tiempo la presencia de Risco Pérez fue necesaria en la provincia de Camagüey y hacia allá lo trasladaron desde Ciudad de La Habana.Tras unos meses lo nombraron director de la prisión “Cerámica”.
“Como tengo problemas en una pierna, solicité mi baja del Ministerio alegando mi incapacidad física. Tras la desmovilización, me incorporé a grupos defensores de los derechos humanos en Camagüey. Varias veces fui detenido por la Seguridad del estado, y en un registro que hicieron en mi casa “ocuparon” una pistola. Esa pistola tenía toda la documentación requerida, me la había regalado el Ministro de las Fuerzas Armadas de Angola, como reconocimiento a mi actitud en un importante combate en el que participé”.
Risco fue condenado a tres años y ocho meses de prisión. Parte de esa pena tuvo que cumplirla en la misma cárcel de la que había sido director.
Pero al parecer sus sugerencias de hace 12 años para bajar en algo el número de presos por el hurto y sacrificio de ganado mayor, continúan vigentes.
Pero el general ha pedido mano dura. No obstante, partiendo del hecho que tras el aumento de sanciones en 1999, ese delito, como todo parece indicar, en vez de disminuir aumentó, nada augura que ahora vaya a ocurrir lo contrario.
Mientras la gente tenga boca y estómago y no sea voluntariamente vegetariana -a pesar de los pesares en Cuba no ha existido ningún tipo de metamorfosis en la biología humana-, continuará comiendo carne roja. Hay tesis científicas que aseguran que eso fue básico en el engrandecimiento del cerebro en nuestra especie.
En el panorama cubano actual, unos continuarán robándose las vacas, y otros muchos continuarán comprando su carne.
Si hubo un tiempo en que el per cápita de reses por habitante en Cuba era mayor, por ejemplo, que el de México y Estados Unidos, volviendo a los métodos de esa época es posible lograrlo nuevamente.
Si Raúl Castro y todos los demás dirigentes comunistas fueran sacados del poder que han ejercido durante 53 años, los cubanos –como se ha hecho ya en otros momentos de la historia- harían resurgir el país como un ave fénix.
fornarisjo@yahoo.com