Tinta para el descrédito
Por: Odelín Alfonso Torna, periodista indepdendiente
Después de la muerte del prisionero político y de conciencia Orlando Zapata Tamayo, el 23 de febrero del año en curso, es común tropezar a diario con todo tipo de manifestación de condena a la llamada “campaña mediática contra Cuba”, orquestada según los voceros del Gobierno cubano, por la Unión Europea y sus “patrocinadores” norteamericanos. Más que una frase repetitiva, sobredimensionada y a la vez hueca, el nuevo ingrediente de la política interna viene a nutrir la parafernalia del partido único.
Convenía a las autoridades cubanas un nuevo puntal, algo a que agarrarse, un contraataque que despabilara a las organizaciones políticas y de masas, al clero institucionalizado y a los artistas e intelectuales afines, que fabricara, con el dinero del pueblo, declaraciones de condena, firmas en sitios web, conciertos y eventos dentro y fuera del país, en los que “unanimidad y apoyo desinteresado a la revolución” dieran una vuelta más de rosca a su descrédito.
Al escuchar hablar de la “campaña mediática”, estoy seguro de que muchos cubanos se preguntarán: ¿quién es el fallecido Orlando Zapata, el psicólogo y periodista independiente en huelga de hambre Guillermo Fariñas o las Damas de Blanco? ¿Qué hizo la Unión Europea para buscarle las cosquillas al régimen de Raúl Castro? ¿Por qué en pleno siglo XXI los cantantes Ana Belén, Víctor Manuel, Juanes y Luís Fonsi, los cineastas Pedro Almodóvar y Fernando Trueba o los escritores Jorge Semprún y Luís Mateo Diez, por sólo citar algunas personalidades de la cultura hispana, no ven a Cuba como el paraíso de la democracia y el defensor que se dice de los derechos individuales?
La revolución cubana, atorada en el lodazal de la corrupción al más alto nivel, la ineficiencia, la improductividad agrícola, el descrédito financiero y la falta de liquidez con sus socios europeos, apela a otro episodio de confrontaciones. Suma enemigos políticos y vende centrales azucareros. Exporta su biotecnología bajo la bandera del bloqueo y juega a la injerencia en Bolivia, Nicaragua y Venezuela.
Herrajes de la sinrazón
No necesitamos hurgar en la esencia de la “campaña mediática”. Si quisiéramos, tampoco podemos hacerlo por el cerco de desinformación intramuros. Basta repasar lo que el mundo entero vio la semana conmemorativa por el séptimo aniversario de la Primavera Negra de marzo de 2003, evento en que 75 cubanos fueron encarcelados sólo por criticar la política oficial.
Todo un montaje represivo de turbas progubernamentales que golpeaban a las Damas de Blanco con la venia de Raúl Castro, el mismo que dio clausura el primer domingo de mayo a tan humillante y vulgar acoso sobre mujeres indefensas. Si de verdad es “indignación del pueblo revolucionario”, ¿qué se hizo de las turbas rabiosas y del cordón de seguridad que supuestamente protegía a las Damas de Blanco de éstas? ¿Por qué si desde hace siete años desfilan pacíficamente por las calles de La Habana, ese pueblo portador de guiños y frases de aprobación hacia las Damas, justamente en marzo de este año las condenó brutalmente?
El descrédito de la revolución ha llegado al punto de crear por cada Comité de Defensa de la Revolución, Destacamentos de Respuesta Rápida con un máximo de 8 integrantes. Tanto los nuevos como los viejos destacamentos no son más que reformatorios para ex convictos o advertidos por delinquir en el mercado negro, también por combatientes y militantes que de algún modo fueron olvidados en la periferia. No saben ni les interesa qué condenan o combaten, que hay detrás de la nota oficial o del programa de repudio contra disidentes pacíficos.
Otras de las medidas fue el documento que circuló a principios de abril por centros de estudio y trabajo. El texto titulado “Plan contra alteraciones del orden y disturbios contrarrevolucionarios”, autoriza el empleo de palos, cabillas y cables contra manifestantes pacíficos.
Donde la ley no pesa
La contraofensiva mediática no deja ver el descrédito de las altas esferas del poder, al punto que sobre la ley y la moral suelen sembrarse posturas de desvergüenza y oportunismo. Los ministros tronados se destinan a “cumplir otras funciones”, mientras que el generalato que le dio cuerpo a la revolución, ahora se corrompe en las “Sociedades Anónimas”.
La sociedad cubana es el traspatio de los destinos y voluntades del Estado. Con más de 11 millones 200 mil habitantes y una población penal que supera los 100 mil reclusos, en su mayoría jóvenes, el peso de la ley cae principalmente sobre la actividad delictiva económica. En este sentido, toda divisa proveniente de la malversación se adjunta al exceso de circulante o retorna a las arcas del Estado. Igual se pierde.
No sucede lo mismo en el ámbito de las empresas mixtas, administradas por oficiales activos o licenciados de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y el Ministerio del Interior (MININT). Eventos de corrupción han sacudido y sacuden al gobierno desde el escándalo surgido en 1989 por altos oficiales de las FAR y el MININT, devenidos en narcotraficantes. En este caso los dividendos tienen otro destino, cuentas fantasmas en bancos extranjeros. También se pierde.
Hoy en el oscuro tribunal de los defenestrados de Raúl Castro, las piezas corruptas caen hacia arriba o no caen, quedan en un extraño limbo de dudas y pijamas. En lo que va de año, el ex presidente del Instituto de la Aeronáutica Civil, General Rogelio Acevedo y el Fiscal General de la República, Juan Escalante, han sido destituidos del cargo con cintas y lazos.
Tinta para otro tomo
Desde el domingo 25 de abril hasta el miércoles 5 de mayo, se realizaron tres vueltas de sufragio para elegir a los diputados municipales que nos representarán ante las Asambleas Provinciales del Poder Popular, también con el imperativo de condenar la campaña mediática dada la respuesta masiva en las urnas. 354 mil 324 cubanos no se presentaron en la primera vuelta electoral. Sumado a las boletas en blanco y anuladas, arrojó que 1 millón 83 mil 510 cubanos con derecho al voto considera un fracaso y rechaza la manera en que son representados.
De alguna manera, cada ofensiva dirigida contra “la campaña mediática” debiera revisarse en sí misma. La Dirección Nacional de los Comités de Defensa de la Revolución condena y en los barrios la delincuencia y el robo se acrecientan. La Central de Trabajadores de Cuba también condena “la campaña mediática” mientras que miles de sus afiliados quedan cesantes de su puesto laboral y sin salario. La Unión de Periodistas y Escritores de Cuba, la Asociación Hermanos Sainz y la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba a falta de creatividad revolucionaria, crean su propio performance antiimperialista. ¿Hace falta más tinta para el descrédito? ■