La prensa independiente cubana no tiene dueños

 

Fernando Sánchez López (presidente Partido Solidaridad Democrática)


La necesidad de una prensa comprometida con la verdad y el apoyo que esta necesita por parte de los actores políticos internos y externos, conformarán un interesante y necesario paisaje político. Experiencias pasadas, determinan la necesidad de respetar y apoyar al periodismo libre como premisa fundamental para el establecimiento de una democracia sólida.

Una de las principales medidas que toman las dictaduras totalitarias en cuanto se hacen del poder es adueñarse de los medios masivos de difusión. Tanto la prensa escrita como la radio y la televisión no sólo son raptadas, sino que son rigurosamente fiscalizadas y convertidas en las encargadas de divulgar toda la información aprobada desde “arriba” con la marcada intención de manipular a la sociedad según sus deseos e intereses.

En una sociedad libre y democrática, el deber de un periodista es informar al ciudadano tal y como es la noticia, como se produce, con sus diferentes matices, vericuetos y contradicciones, que conforman la objetividad de una reseña. Cualquier manipulación del hecho sería desinformar al ciudadano y arrebatarle un derecho que es inherente a la persona.

Sin embargo, en un país gobernado por un régimen totalitario como el cubano, que se abroga el derecho de publicar sólo lo que le conviene en nombre de una democracia socialista que no existe y que no es más que el mero pretexto para eternizarse en el poder, se demuestra que la profesión de periodismo deja de ser respetable para convertir a aquel que lo desempeñe en un títere que se deja utilizar y desdeña al pueblo que es el principal sostén de cualquier sociedad.

En las dictaduras de derecha como la de Fulgencio Batista, voceros de triste recordación como Otto Meruelos, abundaban en los medios de aquel entonces, pero había también un gran número de periodistas dignos e inclaudicables en sus principios de informar con valentía y objetividad. A partir de 1959, la prensa cubana adquirió un nuevo apellido, “revolucionaria”, y nació el llamado “periodista revolucionario” que gana trecho y espacio a cualquier precio en su batalla junto a los demonios secuestradores de la información.

En 50 años, la lista de propagandistas del régimen sería interminable, pero sólo mencionaré a tres de ellos en representación del resto: Randy Alonso, Lázaro Barredo y Antonio Resillez. Cualquiera de los tres es el equivalente al Otto Meruelos de la dictadura batistiana, con destaque para el primero.

Entre los periódicos Granma y Juventud Rebelde no existe diferencia alguna. En los noticieros de radio y televisión, son leídas las mismas noticias que los rotativos mencionados publican. Todos al unísono se dedican a desinformar y cantar loas a la revolución y sus líderes históricos.

Ante el deprimente espectáculo de la información secuestrada, surge el periodismo independiente, que comienza a incrementarse en la segunda mitad de los años 90, cuando se crean varias agencias de prensa independiente en todo el país.

Más de un centenar de compatriotas ejercen el oficio y envían sus artículos y noticias hacia el exterior, donde son publicados y luego rebotan hacia Cuba a través de la Internet, la radio, revistas y periódicos.

La prensa independiente surge como una alternativa a la prensa oficialista, centralizada y manipuladora, en la que se decide desde arriba qué se debe informar y cómo decirlo, lo cual es un atentado a la libertad de opinión e información. Contrarrestar tal situación y poder disfrutar del derecho a diseminar y obtener más y mejor información es el verdadero objetivo de la prensa independiente cubana, la cual a veces no está exenta de malas interpretaciones.

Digo esto porque a veces, quizás por reflejo, caemos en actitudes intolerantes que no corresponden al sentido democrático de la lucha por la cual numerosos compatriotas han padecido y padecen injustas prisiones y todo tipo de vejámenes y desmanes sólo por tratar de hacer valer sus derechos y los de sus semejantes.

En ocasiones hemos visto como algunos de los más serios periodistas independientes han sido atacados y vilipendiados por ejercer su misión de informar o por dar su opinión o la de otras personas sobre cualquier asunto, medular o no. O por el simple hecho de publicar declaraciones o entrevistas de personas u organizaciones pro-democráticas no toleradas por otro sector o grupo de la disidencia interna.

La información es el deber más sagrado de un periodista. La inmediatez y la imparcialidad son partes indisolubles de todo comunicador que se respete y ame su trabajo. Pretender utilizar a la prensa independiente igual que utiliza el gobierno al Granma y a Juventud Rebelde es contraproducente e irrespetuoso. Cuando menos, es un error histórico.
primaveradigital@gmail.com
La dictadura totalitaria cubana de cincuenta años, se robó el tiempo y las estaciones de vida de más de una generación. Congelaron la vida con promesas y obligaron a millones a vegetar ‘in vitro’, en un espacio artificialmente aséptico. Desde el pasado de ateos y partido único, un clan limitado a unas decenas de conjurados dirigidos por Fidel Castro secuestró a la nación cubana.

Cada parcela de tiempo ganado por la dictadura, ha representado vida y tiempo real robado al pueblo y a la nación cubana. Fieles a la costumbre adquirida durante décadas, nuevamente tratan de ganar el tiempo que nos roban.

Las prioridades del momento parecen ser las encaminadas a crear sus propios y confiables espacios contestatarios. Impedir la formación y el crecimiento de la sociedad civil y de nuevas figuras de pensamiento democrático, con ideas más frescas sobre el destino de la nación, se ha convertido en la loca carrera contra el tiempo emprendida por el gobierno.

Más de setenta familias, encabezadas por la familia Castro retienen toda la riqueza y las mejores posiciones en Cuba. Las cabezas de estas familias son detentadoras de cuentas y activos de dudoso origen depositados en bancos extranjeros. Si se sigue el hilo de cada una de estas familias, será fácilmente demostrable que en sus diversas y en ocasiones laberínticas ramificaciones, están las posiciones de mayor relieve en el arte, la economía, las finanzas, la diplomacia y el ámbito mediático, entre otras áreas de interés.

Estos dueños de Cuba usan todos los recursos del poder para garantizarse una sobrevida política. Emplean el tiempo que toman de la nación y del pueblo cubano en la creación de espacios políticos de oposición light y de una controlada franja de falsa diversidad in vitro. El fracaso de la dictadura en el terreno de la ideología y la economía, determina la creación de nuevas variantes y este nuevo cocido político requiere tiempo. Cada vez que la dictadura consigue ganarlo, consigue además robarnos vida y esperanza.

Nos deben el tiempo que nos robaron en el pasado y esto ya no tiene remedio. Hoy nos toca preservar el futuro de esas onerosas y conocidas gabelas.
LPC