El tiempo que nos robaron

Editorial 

La dictadura totalitaria cubana de cincuenta años, se robó el tiempo y las estaciones de vida de más de una generación. Congelaron la vida con promesas y obligaron a millones a vegetar ‘in vitro’, en un espacio artificialmente aséptico. Desde el pasado de ateos y partido único, un clan limitado a unas decenas de conjurados dirigidos por Fidel Castro secuestró a la nación cubana.

Cada parcela de tiempo ganado por la dictadura, ha representado vida y tiempo real robado al pueblo y a la nación cubana. Fieles a la costumbre adquirida durante décadas, nuevamente tratan de ganar el tiempo que nos roban.

Las prioridades del momento parecen ser las encaminadas a crear sus propios y confiables espacios contestatarios. Impedir la formación y el crecimiento de la sociedad civil y de nuevas figuras de pensamiento democrático, con ideas más frescas sobre el destino de la nación, se ha convertido en la loca carrera contra el tiempo emprendida por el gobierno.

Más de setenta familias, encabezadas por la familia Castro retienen toda la riqueza y las mejores posiciones en Cuba. Las cabezas de estas familias son detentadoras de cuentas y activos de dudoso origen depositados en bancos extranjeros. Si se sigue el hilo de cada una de estas familias, será fácilmente demostrable que en sus diversas y en ocasiones laberínticas ramificaciones, están las posiciones de mayor relieve en el arte, la economía, las finanzas, la diplomacia y el ámbito mediático, entre otras áreas de interés.

Estos dueños de Cuba usan todos los recursos del poder para garantizarse una sobrevida política. Emplean el tiempo que toman de la nación y del pueblo cubano en la creación de espacios políticos de oposición light y de una controlada franja de falsa diversidad in vitro. El fracaso de la dictadura en el terreno de la ideología y la economía, determina la creación de nuevas variantes y este nuevo cocido político requiere tiempo. Cada vez que la dictadura consigue ganarlo, consigue además robarnos vida y esperanza.

Nos deben el tiempo que nos robaron en el pasado y esto ya no tiene remedio. Hoy nos toca preservar el futuro de esas onerosas y conocidas gabelas.
LPC