Otros y sus deslices

Guillermo Fariñas, Periodista independiente

La construcción del socialismo de estado en cualquier parte del mundo ha sido un total fracaso. En lo único en que los dirigentes comunistas han tenido éxito es en la habilidad que poseen para culpar a otros de los problemas suscitados por decisiones propias.

Ya forma parte de la historia de Cuba la decapitación política de Carlos Lage Dávila, Felipe Pérez Roque, Fernando Remírez de Estenoz, Carlos Manuel Valenciaga Díaz y Otto Rivero Torres. En esta defenestración máxima y de un solo golpe que se hizo pública el 2 de abril del 2009, también cayeron las cabezas de otros diez altos dirigentes castro-fidelistas.

Pudieran ser condenados a penas de privación de libertad de Raúl y Fidel así determinarlo, pero hasta ahora son mantenidos en “plan pijama” en sus residencias y alrededores. Para el régimen de gobierno actual son una especie de rehenes de alta categoría, que serían sacrificados para que la nación no se les vaya de las manos.

Afirma con vehemencia el lúcido jubilado ferroviario don Matías Cantero: “Cada vez que usted vea a los hermanos Castro anunciar un nuevo plan de la revolución socialista, puede estar seguro que ya tienen uno o varios culpables, para si la nueva aventura política fracasa, ellos no aparecer como los responsables”.

Hoy día, el equipo raulista en el poder comienza a definir su posición respecto a disímiles cuestiones en las esferas política, económica, social, legal, diplomática y gubernamental. El recién estrenado gobernante trata, a toda costa y sobre todo a todo costo, de proyectar tanto al exterior como al interior de la isla una imagen propia.

El tiempo dirá si obtienen éxitos o por el contrario recogen fracasos, pero ya los posibles culpables de las nuevas aventuras estatales ejercen sus cargos. De pronto se transformaron en los ahora diferentes favoritos en el poder, que ahora responden al rey Raúl y como de paso todavía mencionan en sus discursos a Fidel, porque todavía este no ha muerto.

Ellos ejercen sus responsabilidades y usan o abusan de la cuota del mando castrista que, de momento, les cayó en sus manos, sin pensar en la amarga suerte de sus predecesores actualmente en desgracia. Están ante el nuevo poder caído del cielo en una fase de total obnubilación egolátrica por la ejercitación de las responsabilidades.

Ninguno de los recién arribados a los estamentos más altos de la nomenclatura castrista se ha puesto a pensar en el peligro que ya corren, puesto que en algún momento ese mismo sistema político que hoy los aupa, se los tragará para intentar justificar las meteduras de pata del par de hermanos Castro.

Como revolución, la cubana no se diferencia de sus homólogas en un aspecto clave, es ante todo un sistema “saturniano”. O sea en esencia ella se come a sus propios hijos, para poder mantenerse en el poder y los hasta hace poco vástagos defenestrados arriba mencionados, son el mejor ejemplo de esto que se asegura.

Pero la cuestión que caracteriza a la todavía nombrada Revolución Cubana es que sus máximos dirigentes nunca en 50 años han tenido la culpa de ninguna de sus barrabasadas. La culpa nunca caerá encima de los hijos de Lina y Ángel, ellos sólo tendrán algo de responsabilidad en haber elegido mal a los responsables.

Eso sí, respecto a esas responsabilidades, se mencionan como de pasada, puesto que aquel dirigente que se atreva a enfatizar en los equívocos de los jefes del fidelismo, su testa también rodará. Aquellos algo más inteligentes asumen la actitud de esperar que sean Fidel o Raúl quienes platiquen de sus errores para durar en sus puestos.

Este es un sistema de gobierno personalista donde todo está diseñado para hacerle creer a los que miren, que tanto el Comandante en Jefe como su hermano general de ejército son entes infalibles. Inclusos los medios de comunicación oficialistas no están bosquejados para aceptar críticas a este dúo de hermanos y se les rompe su dinámica de solo intentarlo.

A los dirigentes sustituidos, el más sentido pésame, por la pena que siempre se siente con todos los que se transforman de victimarios en víctimas. Pero parece que no leyeron bien la historia de la revolución castrista, en la cual se demuestra la pericia de sus líderes para culpabilizar persistentemente a otros de sus deslices.