Los negocios con Castro y el congelador financiero

Paulino Alfonso, periodista independiente
En fecha reciente, el periódico mexicano La Jornada se refirió a nuevas medidas implementadas por el régimen cubano. En un trabajo titulado “Cuba tiene congeladas desde hace seis meses las cuentas bancarias de empresas extranjeras”, el Sr. Gerardo Arreola analiza algo que calificó como una medida desesperada del régimen geriátrico que padecemos 11,3 millones de cubanos. Excluyo a los dorados 45 000, que viven como personas de otros espacios y los acrisolados 400, que lo hacen como millonarios capitalistas.
A criterio de Arreola, a quien disculpo, ya que nunca ha negociado con el castrismo: “el congelador financiero nunca se había ensayado”. Error. Se ha aplicado a los inversionistas extranjeros desde 1993 e incluso antes. ¿Cómo lo sé? Fue mi trabajo durante 25 años y muy en especial, los últimos diez.
Para comenzar, voy a enseñar, “como se hacen las maracas”. Este es un decir popular cubano, que expresa o trata de expresar, formas de explicar lo obvio. Entonces, un poco de historia para los “ingenuos” y sorprendidos inversionistas que forman el 85 % de las 359 firmas que “negocian” con la Corte de los Milagros de los Castro. De ellas hay 45 empresas rusas y chinas que están en trámites bastantes adelantados para unirse a este club.
En finanzas, los negocios se aseguran mediante documentos de obligación que ambas partes reconocen y se someten en toda su extensión y dominio; se fijan los instrumentos de pago y los plazos que, una vez convenidos, son inamovibles, excepto por razones de fuerza mayor.
Inicialmente, el congelador fueron las cuentas por pagar. Después, las letras de cambio, que cuando se presentaban a arbitraje, ya el moroso estaba en quiebra. Como esto era un régimen socialista, no podían venderse sus activos fijos, por ser estos patrimonios nacionales. Después vino el camelo de los Números de Autorización (NA). Algo parecido a la cola que se hace en la bodega del barrio, en la que se pregunta: ¿Quién es el último?
Eso le ocurrió antes, por citar ejemplos, a Kliment Guitart y a su carnal Francisco “Paco” Velásquez, los empresarios hoteleros. A Lucia Altieri, decana de los empresarios extranjeros, al ingenuo canadiense de la ropa reclicada, Jaime, representante de Altadiss, Miza Internacional y otros. Más recientemente, Pebercam y Northwestern. A estos, cuando reclamaron lo suyo, les pagaron y les enseñaron el aeropuerto.
Así le va a ocurrir a cualquier cándido que haga negocios con el régimen, con la peregrina pretensión de tener presencia una vez efectuados los cambios democráticos dentro de la Isla.
Eso es lo que hace a un costo increíble la Hotelera Meliá. Por españoles, recuerdan a Cánovas del Castillo y su canto de cisne: “Por Cuba, hasta el último soldado y la última peseta”. Con honestidad, no creo en esa clase de patriotismo. Máxime, cuando es conocida la estrecha relación entre el actual gobierno español y la directiva de esta firma, cuyo lema en Cuba es: “En Meliá, siempre apostaremos por Cuba”. Pero al hacer la parodia a lo expresado por su fuente, queda claro que lo cierto es: nunca contra los intereses españoles.
En el artículo de La Jornada, se menciona que el Banco Financiero Internacional ha manifestado a los acreedores que “la situación se escapa de sus manos y no pueden autorizar la extracción de capitales, ni siquiera para que éstos paguen sus obligaciones con sus acreedores”. Como el Banco Financiero Internacional (BFI) es un ente comercial “privado”, el gobierno castrista se lava las manos con todos estos excelsos señores.
Esto les ocurrió a Firmenich, Vaca Navarja y otros ilustres ex guerrilleros, compatriotas de los Kirchner que “cooperaron” en la creación del BFI, allá por los 70. Comoquiera que La Jornada es de México, recomiendo se pregunte sobre este hecho a Jorge Castañeda, a la sazón, guerrillero guevarista en activo.
Al leer el artículo, me asaltan dudas que me permito expresar. Al enterarme de que los inversionistas anduvieron como vulgares merolicos en busca de efectivo, hasta que el Banco Central les cerró la jugada, entonces, me pregunto: si el BFI es quien debe pagarles y no el Banco Central. ¿Por qué el Banco Central prohibió retirar fondos de sus sucursales? Esto, cuando los instrumentos de pago fueron respaldados por el BFI y este es parte del sistema bancario cubano.
Yo tengo la respuesta y la regalo. De esta misma forma, se debe a los “cándidos” banqueros del Club de París, 29 mil millones de USD y a los seguidores del ex coronel de la KGB Putin, la bicoca de 36 mil millones USD.
¿Sinceramente alguien cree que unos cientos de millones adeudados son un problema para la corte del sultán Castro I? Yo no lo creo.
Kate Greenaway, fue nada menos que la autora del Flautista de Hamelin. Supongo que los señores inversionistas extranjeros en Cuba, lo habrán leído. Espero que sepan además, dónde terminaron las ratas del cuento.■