Sin azúcar hay país
Por: Osmar Laffita Rojas, periodista independiente
Uno de los lemas que marcó el ser nacional cubano era “sin azúcar no hay país”. En torno a la industria azucarera giraba todo el quehacer de la economía nacional. Más del 80% de los ingresos en divisas a las arcas del Estado dependía de la producción, exportación de azúcar y sus derivados.
Cuba en la primera mitad del siglo XIX, se convirtió en el principal suministrador de azúcar al pujante y sediento mercado de los Estados Unidos.
Este auge azucarero era garantizado por la cada día mayor presencia de mano de obra esclava, tanto en los cañaverales, como en los trapiches. El crecimiento de la industria posibilitó el surgimiento, consolidación y expansión de una rica sacarocracia criolla, que llegó a atesorar cuantiosas fortunas. Con ese dinero adquirieron las nuevas tecnologías como el vapor y los ferrocarriles, lo que precipitó la trasformación de los improductivos molinos cañeros en eficientes ingenios.
El desarrollo económico de Cuba a finales del siglo XIX, dependía en lo esencial de la expansión y consolidación de la industria azucarera. Su apogeo posibilitó el rápido y pujante desarrollo de pueblos y ciudades, y un comercio intenso principalmente con los Estados Unidos, que favoreció la modernización de las viejas estructuras coloniales.
Estos terratenientes criollos se vanagloriaban de exhibir sus gustos e imitaciones de la cultura europea y Norteamérica, pero al mismo tiempo reafirmaban su ser nacional, que nada tenía que ver con la metrópoli. Su existencia y la de los que de ellos dependían era una copia de cómo se vivía en París, Londres o Nueva York. Las instituciones académicas, los poetas y escritores que ellos alentaban y patrocinaban, todos estaban fuertemente imbuidos por las corrientes racionalistas y modernistas provenientes principalmente de Europa.
El modernismo prevaleciente entre ellos, fue marcadamente manierista, reflejado en su manera de manifestarse, que cambió las costumbres prevalecientes, junto a una renovación del léxico.
Con la ocupación de Cuba por el ejército de los Estados Unidos en 1898 y la proclamación de la república en 1902, la isla entró en una era de reconstrucción y auge. Esto posibilitó la edificación de nuevos ingenios, la siembra de grandes extensiones de caña de azúcar, la ampliación del ferrocarril, la construcción de carreteras y caminos y el tendido de líneas telefónicas y eléctricas. Ese desarrollo propició la migración de jornaleros españoles, haitianos, yucatecos y jamaicanos.
Como consecuencia de esa extraordinaria ampliación azucarera, el dinero que de ella se obtenía marcó el destino de Cuba, lo que viabilizó el incremento de la actividad comercial, industrial, aparejada con una ampliación del trasporte en todas sus ramas, la diversificación de la agrícola y la ganadería.
Estos cambios posibilitaron el surgimiento y proliferación de una emprendedora y dinámica clase media que demandaba la construcción de modernos repartos residenciales, costosas instituciones educacionales, la construcción de altos y lujosos edificios de propiedad horizontal, hoteles y anchas avenidas.
Fueron estos nuevos ricos los que aceleraron la pujante industria del confort y el entretenimiento, con la edificación de modernos hoteles, casinos, cines, la televisión, la importación masiva de todo tipo de vehículos automotores, los más sofisticados electrodomésticos, que daban una marca de gusto y distinción y cambios en la familia cubana. Todo esto fue posible, porque en todas estas transformaciones asociadas a la modernidad, el azúcar lo marcaba todo.
Las zafras oscilaban entre 5 o 6 millones de toneladas. Cuba era el primer exportador del dulce en el mundo. El precio de la libra de azúcar en el mercado mundial estaba sujeto al comportamiento de la producción azucarera en Cuba.
Cuando los actuales gobernantes asumieron en el poder en 1959, todos pensaron que se había cambiado para bien y que la actividad azucarera continuaría siendo la reina de la economía cubana, la realidad de hoy demuestra cuan grande ha sido la decepción.
En 1970 se planteó producir 10 millones de toneladas de azúcar, sin que existiesen las potencialidades agrícolas e industriales para tan descabellado propósito. La cosecha de todas estas negligencias se recogen en este año 2010, con la peor zafra en estos últimos 105 años. Lo que fue la primera industria de Cuba por más de dos siglos, ya prácticamente no existe.
Los daños estructurales del sector azucarero son tales, que de las 754 mil hectáreas de tierra destinadas al cultivo de la caña, a inicios de de la zafra de 2009, cerca de l2% estaba sin cepa y gran parte cubierta de marabú. A este abandono hay que adicionar los rendimientos de la zafra que acaba de concluir, que no sobrepasaron las 21 toneladas de caña por hectáreas de una media mundial de 67 toneladas.
Como no hay suficiente caña, la producción de azúcar ha ido en picada. Todo esto se ha revertido negativamente en la industria de los derivados, que al no disponer de suficiente materia prima, cerca del 70% de las instalaciones dedicada a estas producciones están paralizadas.
El otro gran problema que provocó el desmantelamiento de más de 90 centrales fue la eliminación de 100 000 puestos de trabajo. A esto hay sumarle que de los 61 ingenios en activos, desde que se reordenó la industria en el año 2002, cuando más han entrado en campaña 40 instalaciones fabriles. Es decir que a las bajas producciones hay que sumarle la garantía salarial de los miles de obreros que sus fábricas por infinidad de causas no participan en la zafra.
Una muestra de hasta donde ha llegado este desastre, lo tenemos en que a finales del año 1989 dependíamos fundamentalmente de la producción y la exportación azucarera. Su peso en el conjunto de la economía era del 37%. En 2000 bajó al 36% y en el 2009 alcanzó el 19%. Razón por lo que esta actividad es en estos momentos la cenicienta de la economía cubana.
En estos momentos, las pautas en el crecimiento de la economía las marca el cada vez más poderoso sector de los servicios. Una muestra de esa progresión lo tenemos que al cierre de 2009, los servicios médicos reportaron el 50% del total de las ventas en el exterior, con un aproximado de 8 mil millones de dólares. De ellos la mayor partida proviene de los pagos ejecutado por el gobierno venezolano.
Turismo reportó una recaudación que sobrepasó los dos mil millones de dólares. Las comunicaciones reportaron ingresos cercanos a los 400 millones de dólares.
En referente al predominio de los servicios, la gran diferencia que tiene Cuba con los países en que esta actividad tiene un fuerte componente en el Producto Interno Bruto por su alta tasa de productividad. En Cuba, ocurre todo lo contrario, la productividad en el sector de bienes es baja, su resultado a finales de 2009 fue del 1%.
En Cuba había un dicho: “Sin azúcar no hay país”. Trascurridos cuatro siglos de la fundación de los primeros trapiches, hasta la demolición del 50 % de los centrales y colonias cañeras, ocurrida en el 2002, la zafra recién terminada no sobrepasó las 1,1 millones toneladas de azúcar, la peor zafra en105 años. Realmente, no tenemos azúcar pero Cuba sigue siendo Cuba. ■