Obama, los cubanos y la Malinche Paulino Alfonso

En mi juventud, cayó en mis manos un libro que nunca olvidaré, se llama El dios de la lluvia llora sobre Méjico. In­creíblemente, fue escrito por un húngaro que, al leer los Codex aztecas en las bibliotecas de Hungría y Austria, le pasó lo mismo que a Graham Greene y a Ernest Hemingway: se enamoraron de nuestras culturas y sus misterios.

Confieso que cuando perdí esos dos tomos, tomé la determinación de no atesorar ningún libro en otro lugar que no fuera en mi mente. Cosa que hasta hoy he cumplido a cabalidad. ¿Por qué este preámbulo literario? Se relaciona con la crónica que voy a exponer

Hace poco, en el velorio de la esposa de un hermano, oía los comentarios de algunos presentes sobre el resultado probable de las elecciones en los EE UU. Me acordé de la india Mallinali, Malinche para los castellanos, y su influencia en un acontecimiento tan grande como fue la conquista de México. Si le sumamos a eso el fanatismo de Moctezuma, tendremos la respuesta que se hacen los que hemos estudiado este hito histórico.

¿Cómo 345 castellanos, en menos de 14 meses, pudieron derrotar un imperio como el azteca? ¿Quieren saberlo? De la misma forma que Castro derrotó un ejército de 50 000 hombres y destruyó en un lustro una nación que se había situado en la cima de América Latina. Se dio cuenta de que la Malinche estaba viva en la mente y los corazones de los cubanos.

Para mi frustración, cinco siglos después, todavía la Malinche sigue viva. Tanto como el día de septiembre de 1519 en que Cortes la recibió como regalo en las costas de Yucatán. Ahora resulta que después de tanto tiempo, traiciones, trajines y hasta peculado a costillas nuestras, vamos a encontrar la piedra filosofal en un americano. No me gusta el término afro, porque para mí solo hay dos razas: los que sirven y los que no sirven. Hay hombres, no blancos, caucásicos, negros, afro-cualquier cosa o latinos. Entonces al grano.

Barack Obama representa una esperanza y la confirmación para su país y su pueblo de la promesa, que no pudieron ver Rosa Parks, Booker T. Washington, Jackie Robinson, Malcolm X y, por último y no por menos, Martin Luther King Jr. Representa además una bofetada a Michael Jackson, y el descrédito a todos los Howard Zinn, Sean Penn, Danny Glover, Noam Chomsky y comparsa.

La esperanza no es sólo para Cuba, ni siquiera para los Castro. De ser cierto lo que se dice en corrillos y en tertulias trasnochadas, desde el Ver­sailles hasta el Rápido de Línea y N, los esperados levantamientos a las restricciones a viajes, remesas y visitas de norteamericanos a la finca Castro, le traerán al régimen más problemas que soluciones. ¿Quieren saber cómo y cuánto? Allá voy.

Desde la aplicación del Plan Bush y, en específico, del último mamotreto, sólo por cambio de USD a CUC, los Castro se embolsaron la “modesta” suma de 1,2 billón de USD, por diferencial en tasa cambiaria y no menos de 200 millones de USD, por aumento de precio a todos los productos que, lamentablemente, tuvo que hacer el gobierno para resistir esta nueva agresión del Imperio Salvaje.

Si el presidente de los EE UU dijo en realidad todo eso y lo materializa en decretos, el régimen tendrá que devaluar el CUC en un 23 %, rebajar los precios del mercado minorista en un 20% (incluyendo los combustibles), lo que en dinerito equivaldrá a una pérdida en valor paritario o quizás paritorio de 1,5 billón de EUR.

¿De verdad que Uds. creen que la familia Soprano, perdón, Castro va a permitir esto? Sin contar que no podría controlar el flujo de cubanos que vendrían a ver a tirios y a troyanos. En fin, como dijo Tintan: “Con amigos como tú, no necesito enemigos”. A no ser que cuenten con el mago Felipe Sisto y su trouppe, expertos como son en trucos y en tramitaciones.

Por otro lado, si el presidente de los EE UU decide ayudar al pueblo y a la oposición cubana, bienvenido sea, pero sin condicionamientos de ningún tipo y de forma directa. Sin que los Castro y otros no tan Castro, metan las manos. Parece que esta vez, recibirán la ayuda todos lo que lo merecen. Por primera vez, no iría a engrosar campanas políticas en el Condado Dade, ni pagará comidas en La Carreta. Por su triunfo, felicidades Sr. Barack Obama.