El triunfo de Obama desde La Habana

Entre los negros y los desposeídos, la noticia cayó como una bocanada de aire fresco. El presidente electo en los Estados Unidos es un negro. Este presidente ha prometido además que levantará las restricciones al envío de remesas y a los viajes. Incluso el embargo puede ser motivo de un análisis que, eventualmente, podría colapsarlo. Pero ni siquiera esto sería del todo necesario, el levantamiento de las restricciones por sí sólo, parece ser un excelente comienzo.
En esta entrega ofrecemos diversas visiones sobre lo que representa el triunfo de Barack Obama para Cuba y para su pueblo. El tono general es de optimismo, pero dentro del optimismo, la cautela. Desde un contrapunto en que la elegancia completa la parábola, para una distancia que complementa una visión más armónica del tema, Rogelio Fabio Hurtado nos describe con entusiasmo un escenario que Óscar Mario González, más reticente, asegura haber vivido en más de una ocasión con otros presidentes norteamericanos.
Fariñas nos describe la urgencia de las esferas políticas del castrismo y algunas medidas que se toman a la carrera para hacer frente a una contingencia que la élite gobernante cubana asume como amenaza inminente: un presidente negro, joven y por añadidura dotado con creatividad y voluntad para el cambio.
Otro interesante enfoque sobre el tema, entre otros, nos lo ofrece Paulino Alfonso. La victoria de Obama representa la obligación para el régimen de repensar determinadas medidas económicas impuestas al pueblo cubano ‘como respuesta’ a las ‘agresiones’ del Imperio.
No será fácil para el equipo raulista afirmar la permanencia de las medidas impopulares que se dictaron como respuesta a la limitación en el envío de remesas y a las restricciones a los viajes a Cuba, dictadas por la administración de George W. Bush.
Ingenuamente, el pueblo de a pie, blancos, negros y mestizos, se ha llenado de muchas expectativas. El sentir ciudadano Cuba adentro, no sólo confía, sino que exige al gobierno que esté a la altura del ramo de olivo que se le tiende. Pero la mano que redacta las Reflexiones atribuidas a Fidel Castro, ya manifestó reservas y el anuncio de que las contradicciones Cuba-USA son insalvables.
Desde hace más de cincuenta años el alimento ideológico del régimen cubano es el viejo diferendo Cuba-Estados Unidos. Hemos vivido en una alerta permanente. Esta situación ha permitido consolidar amarres totalitarios dentro de Cuba, que se han justificado a tenor de la eventual agresión norteamericana que no se produjo. El anuncio del ex jefe de Estado quizás sea una de las respuestas demandadas por Armando Hart Dávalos, el tanque pensante de la nomenklatura gobernante que manifestó su preocupación por el (en aquel momento) eventual triunfo del entonces candidato Obama a la presidencia de USA.
Hart dejó entrever que el régimen dictatorial quedaría sin enemigo y sin discurso político de ganar el candidato negro, y así es. Estamos frente al escenario más complejo que alguien pudiera concebir. Sin cambios radicales en la esfera económica y en la esfera política, el inmovilismo resultante pudiera traer aparejado la irrupción del escenario violento en que los mandamases verdeolivo suelen sentirse a gusto.
El triunfo de Barack Obama visto desde La Habana, pudiera ser algo más que una tentación para el régimen verdeolivo, quizás la última. ¡Dios lo quiera! ■