Las familias de La Primavera de Cuba

Los demócratas no deben estar sentados en la cárcel. Los que quieren expresarse libremente o impartir conocimiento tampoco. Pero en Cuba la realidad es distinta. En el 2003 fueron arrestadas 75 personas, entre periodistas, bibliotecarios o simplemente ciudadanos comunes en busca de sus derechos. Hoy en día se cuentan más de 230 presos políticos desperdigados en las cárceles del régimen a lo largo y ancho de la isla.

Todas ellos han sido reconocidos como prisioneros de conciencia por Amnistía Internacional. Aún quedan en la cárcel muchos de ellos. Viven allí en condiciones deplorables, cumplen condenas con un promedio de más de 20 años, mientras la mayoría del pueblo cubano desconoce su situación.

No obstante, desde aquél marzo de 2003 se han venido formando grupos de solidaridad a nivel internacional. Estas organizaciones recaudan fondos, escriben cartas y visitan a los familiares de estos presos políticos. Se pueden encontrar campañas de hermanamiento en Miami, Madrid, París o Estocolmo.

Uno de ellos es el Fondo para Presos Políticos Cubanos, que ha adoptado 15 familias cubanas y es financiado por personalidades políticas suecas. Este fondo organiza viajes solidarios en los que jóvenes voluntarios suecos visitan a las familias y les entregan ayuda.

Cabe recordar que los presos son hombres en su totalidad, y al ser condenados fueron obligados a dejar a sus esposas, madres y hermanas sin sustento alguno. Muchas de estas familias han perdido el trabajo como resultado de las actividades democráticas realizadas por los prisioneros de conciencia.

Familia Siegler Amaya (Matanzas)

Esta familia tiene dos miembros en prisión. Los hermanos Ariel y Guido. Ariel es uno de los fundadores de la asociación de derechos humanos Movimiento Independiente Opción Alternativa. En 2003 fue condenado a 20 años de prisión. Su hermano Guido, vicepresidente de la misma asociación también cumple condena de 20 años por sus actividades en favor de la democracia.

La familia Siegler Amaya comentó durante la última visita que Guido sufre hoy en día de una enfermedad crónica y se encuentra muy mal de salud, pero aún está fuerte en sus ideales. La última vez que se vieron fue en enero y lo encontraron bastante delgado y con serios problemas de circulación.

El contacto telefónico con la familia ha mejorado ya que los familiares han exigido al Gobierno los mismos beneficios que tienen los cinco espías cubanos que se encuentran en cárceles en los EE UU.

No obstante, el régimen hace todo lo posible por dificultar la comunicación. Por ejemplo, comentaron que la última visita a Guido (cárcel Combinado del Este) se frustró por culpa de la policía. Habían alquilado un auto con chofer para ir a visitarlo. Fueron interceptados por cuatro patrullas de la policía y luego de conducirlos a una comisaría los dejaron varados en medio de la nada, aun sabiendo que la madre de los hermanos Siegler Amaya está en silla de ruedas.

Familia Ruiz Hernández (Villa Clara)

Como periodista independiente, Omar Moisés Ruiz Hernández ha sido arrestado en innumerables ocasiones hasta que fue finalmente condenado el 2003 a 18 años de prisión.

Su esposa, Bárbara, nos cuenta que la salud de Omar esta estable, no obstante ha tenido serios problemas de circulación y en la espalda. Así también, un problema agravado de gastritis que requiere de medicamentos antiácidos, los que no están disponibles en las cárceles o son muy difíciles de comprar.

Dice Bárbara, quien habla telefónicamente con él, que moralmente se encuentra bien pero inesperadamente les han cambiado el régimen de visitas. La última vez que se vieron fue en enero, y en la cárcel les han comunicado que no habrán más visitas en este año, y no les han brindado razón alguna.

Así también, esta familia ha tenido problemas con las cartas que se escriben hacia y desde la cárcel. Las cartas que Omar escriben llegan con casi dos meses de atraso o nunca llegan. Omar necesita poder escribir acerca de sus pensamientos desde la cárcel y, según su esposa, las autoridades le han prometido que esta situación mejorará pronto.

Asimismo, cuenta Bárbara que su familia es vigilada constantemente por sus vecino, haciendo imposible que viaje a la Habana para las reuniones con las Damas de Blanco. Eso ha hecho que Bárbara se sienta muy sola y esté deprimida todo el tiempo.

Familia Hernández Carrillo (Matanzas)

Iván cumple una condena de 25 años de prisión. El delito de Iván fue ser representante del partido Pedro Luis Boitel, ser periodista y bibliotecario independiente.

Su estado de salud es estable, a pesar de la gastritis y la hipertensión crónica. El problema que él enfrenta es el trato que le dan en la prisión. A veces, cuenta su abuela Juliana, le mandan presos comunes a su celda para provocarlo. Ahora le han puesto uno nuevo, cuya misión es hablar detrás de sus espaldas con los otros presos y provocarlo para que los guardias lo lleven a la celda de castigo. Todos llaman a este personaje “el agente” y se dice que ha sido colocado por la seguridad del Estado para vigilar directamente a Omar.

También narró que por estas fechas tienen mucha vigilancia policial. Menciona que si no fuera por la ayuda y las visitas internacionales que recibe ya “el león se las hubiera comido”. “Ellos saben que somos contactadas frecuentemente por las organizaciones solidarias internacionales, por ello no nos tocan”.

Ninguna carta de las que él escribe llega a su familia, pero felizmente puede hablar 25 minutos por teléfono cada semana. Cada dos meses pueden visitarlo dos personas por un periodo de dos horas.

No obstante, luego de cuatro años en prisión, según la ley cubana, debería poder ser visitado por tres personas. Tampoco se ha podido lograr que lo trasladen a su provincia de origen, para que así su familia no tenga inconvenientes en visitarlo.

La comida que le sirven en la cárcel es de muy mala calidad. Dos veces ha sido intoxicado de gravedad por el mal estado de los alimentos.