Nosotros la prensa

José A. Fornaris, periodista independiente

Cuando se publicó en Cuba el primer periódico, El Papel Periódico de La Havana, el domingo 24 de octubre de 1790, hacía casi dos siglos que la prensa había dejado atrás su etapa prehistórica, que estuvo a cargo de los comerciantes de la Edad Media que divulgaban las noticias e informaciones que recolectaban durante sus viajes.

De todas formas, fue uno de los primeros periódicos en Hispano­américa y su salida a la calle debió de ser un acontecimiento de primer orden para los habaneros de esa época. En su portada, en lo que consideraríamos hoy un editorial, se explicaba a qué se debía su llegada.

“En las ciudades populosas son de muy grande utilidad los papeles públicos en que se anuncia a los vecinos quanto ha de hacerse en la semana referente a sus intereses ó á sus diversiones. La Havana, cuya población es ya tan considerable, echa de menos uno de estos papeles que dé al público noticia del precio de los efectos comestibles y de los bastimentos, de las cosas que algunas personas quieran vender o comprar, de los espectáculos, de las obras nuevas de toda clase, de las embarcaciones que han entrado, ó han de salir, en una palabra de: todo aquello que pueda contribuir a las comodidades de la vida” (ortografía original).

Después de ese pionero, que fue un semanario, hubo muchos periódicos en Cuba: El Diario de la Marina, El Crisol, Información, La Lucha, La Discusión, El Mundo, The Havana Post, Prensa Libre, El País, Mañana y otros buenos diarios. Pero además, una extensa lista de otro tipo de publicaciones.

Era buena prensa porque había excelentes periodistas: Ramón Vasconcelos, Mariano Carrera, Enrique Serpa, Juán Gualberto Gómez, Manuel Sanguily, Manuel Márquez Sterling, Enrique José Varona, Rafael María de Mendive, Félix Varela, José de Armas Cárdenas, José Martí y otra gran cantidad que pueden aparecer en cualquier galería de clásicos del periodismo.

Pero la prensa cubana comenzó su gran crisis en 1959 con la llegada de Fidel Castro al poder. Aunque en los primeros tiempos fue meloso con la prensa, llegando incluso asegurar que: “Donde hay justicia no hay crimen, y donde hay crimen no hay libertad de prensa, donde hay crimen se oculta lo que se hace…”, lo cierto es que en Cuba la prensa entró en una etapa de gran servidumbre.

Por suerte, en las peores condiciones que puedan ser imaginadas, en lugares de extremo sufrimiento, dentro del presidio político, la prensa libre se mantuvo en las notas clandestinas que los prisioneros lograban sacar dando cuenta de cómo era la existencia en esas áreas de horror.

Gracias a ese embrión comenzó a tomar fuerza en l996 la prensa independiente. Aunque ya existía, creada por Indamiro Restano (hoy en el exilio) la Asociación de Periodistas Independientes de Cuba, en la práctica era algo simbólico. En ese año se crearon dos pequeñas agencias: Habana Press y Cuba Press y se incorporaron a ellas algunos periodistas profesionales.

Esto se convirtió luego en un movimiento a favor de la verdad y la libertad de expresión y, de hecho, en una verdadera prensa.

Se ha tenido que pagar un alto precio. El régimen respondió en la forma que suelen hacerlo las tiranías. Aunque ya existían en el Código Penal figuras delictivas como ‘propaganda enemiga’, ‘divulgación de noticias falsas’ y ‘Desacato’, presuntos delitos por los cuales cualquier persona puede ser enviada a una de las muchas cárceles que existen en el país, en 1998 la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento Unipartidista) aprobó la llamada Ley 88.

Basándose en ella, y en virtud de que el Estado entienda que se han divulgado noticias o informaciones nocivas para sus intereses o los del país, se puede condenar a alguien hasta con veinte años de prisión.

En marzo de 2003, esa ley fue aplicada por vez primera y 75 personas, entre ellas 27 periodistas, pasaron a

cumplir largas penas. Otras decenas de periodistas han tenido que partir hacia el exilio. En términos generales, es casi imposible encontrar algún comunicador independiente que no haya experimentado alguna represión o represalia por parte del Estado.

A su vez, en cada momento que parece necesario, salen artículos oficialistas que tienen las características de los linchamientos virtuales. Hubo uno en el que se decía:

“… a esos independientes les paga la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana. La SIP y otras organizaciones los premian con publicidad y dinero, y los proclama defensores de la libertad de prensa. Escriben o hablan por la radio sobre lo que les ordena el gobierno de Estados Unidos. Cumplen el despreciable papel del típico mercenario dentro del tinglado de la propaganda anti cubana diseñada, ejecutada y financiada por el gobierno de Estados Unidos”.

Todo eso es mentira, pero no cabe duda de que el gobierno de La Habana no siente ninguna simpatía por los periodistas independientes. Y si las tropelías no han llegado al extremo de las desapariciones o de muertes extrajudiciales de periodistas, es porque sencillamente no ha hecho falta.

Recordemos que en Cuba no hay separación de poderes. El poder judicial está permanentemente al servicio del poder ejecutivo. Sería por lo tanto de muy mal gusto mandar a suprimir a alguien de forma extrajudicial cuando la “justicia” puede hacerlo de manera legal.

Siempre estamos en peligro, pero nos asisten derechos históricos, naturales e internacionales. Entre ellos el artículo l9 de la Declaración Universal de Derechos Humanos que expresa: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión…y el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

El 28 de febrero último, después de más de 31 años de haber sido proclamados por la Organización de Naciones Unidas, el gobierno de Cuba suscribió el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Si los cumple, eso favorecerá de forma destacada el trabajo de los periodistas independientes.

De todas formas, no parecen existir muchas dudas en lo referente a que la verdadera prensa en Cuba es la prensa independiente.