Los neo gatopardos
Julio Aleaga Pesant; Periodista Independiente

El general Raúl Castro, flamante presidente de los Consejos de Estado y Ministros, no las tiene todas consigo. Sabe que la situación económica y social del país, le plantea serios retos. La sucesión no es tan fácil, como se cree a ambos lados del Estrecho de la Florida.
Por eso reunió a su alrededor en el Consejo de Estado a sus más importantes subordinados desde los tiempos de la guerra civil. El costo de los ascensos es alto. Ante todo, el nombramiento del impopular José Ramón Machado Ventura —padrastro de la contrarreforma de los noventa— a la responsabilidad de vicepresidente primero, de hecho, segundo magistrado.
Luego, entregar la cartera de defensa al custodio de sus bienes, el general de Cuerpo Julio Casas Regueiro. Más desconocido que impopular, pero con similar hoja de servicios a sus órdenes. Jefe directo de su yerno Luís Alberto Rodríguez López Callejas, el administrador de los bienes de los Castro-Espín.
Su diseño es ahora más delicado. Sabe exactamente que el equilibrio político que impulsó su hermano el doctor, ni puede, ni le interesa mantenerlo. No por presunciones prodemocráticas o de progreso; sino por concretar su ideario personal de país.
Si el doctor Castro desarrolló su arquitectura sobre promesas mesiánicas, clientelismo político, represión despiadada, constante movilización política y una cínica subordinación al patrocinador extranjero de sus aventuras de megalómano, el general Castro, prefiere desarrollar elementos de independencia y equilibrio. Aunque sin descontar el castigo cruel, si es necesario.
Por eso, entre las tendencias de la designación de su Consejo de Estado y sus vicepresidentes, está promover fuerzas centrípetas dentro de los jerarcas del partido, el Ejército y el Gobierno. Aumentar el peso de sus huestes en cualquier probable negociación de poder, con los demócratas.
De tal manera, se fortalece su posición dentro del sistema unipersonal heredado. Así podrá enfrentar, más cómodamente, los desafíos para los próximos dos años. Se prepara para el cierre cronológico de la primera década del siglo XXI.
Verdes y negros
De esa manera, de los 31 miembros del Consejo de Estado, diecisiete de los designados son militares o afro descendientes. Los soldados incluyen tres Comandantes de la Revolución y cuatro oficiales de mayor graduación.
Así, se reúne en torno al General Castro, a los históricos con su contenido ideológico y a los jefes de tropa. Une a sus más cercanos subordinados, a lo largo de sus cuarenta y nueve años como Ministro de Defensa.
Entre los afro descendientes, se destacan cinco funcionarias de menor rango, incorporadas para dar una señal de integración etnocultural a tan alto nivel de toma de decisiones. Sin embargo, se trata de un aparato inactivo.
Es impredecible el rol que jueguen estas señoras, con residencias y labores muy lejos de la capital del país.
Los otros afro descendientes, excepto Esteban Lazo, tienen aura de burócratas profesionales. Gozan de fama de estar cerca de sus subordinados y de los problemas que les atañen. En el caso de Saez Montejo y Herrera Martínez, son veinte años más jóvenes que el flamante mandatario. Esto implica de hecho un cambio generacional para esa estructura de poder.
Asesor de Estado
Nada levantó más polvareda en la sesión del 24 de febrero de 2008, de la Asamblea Nacional del Poder Popular, que la designación del Doctor Castro como Asesor de Estado. Aunque algunos lo perciben como un acto gratuito de continuismo y sumisión al enfermo, otros elementos se pueden incorporar a esta visión.
No nos detendremos en la violación al derecho constitucional, o la usurpación populista del mandato popular, impuesto a los diputados. Esto está demostrado.
La designación del asesor de Estado, para tratar temas militares, de seguridad o económicos, más que la consulta real al moribundo ex jefe de estado, es ante todo, la necesidad del general Castro de tener sus espaldas protegidas de los más ortodoxos del sistema.
Es la posibilidad de poder gobernar sin que den su chillido de guerra, enarbolando la figura del doctor Castro, cada vez que alguna decisión los contraríe.
Más interesante es la salida del Consejo de la mayoría de los fieles al doctor Castro. Con el cambio de mandatario, también mutan las fidelidades. De esa manera solo se identifican en la nueva orquesta a tres de sus más fieles seguidores: Felipe Pérez Roque, Carlos Valenciaga Díaz y José Miyar Barruecos. Todos como, bien se sabe, caminando por una delgada “cuerda floja”.
¿Cambia o no cambia?
La posibilidad de los cambios dentro del país no está en las iniciativas y decisiones que emanen del nuevo Consejo de Estado. Se imponen razones de estructura organizativa y de composición entre los miembros. El imán conservador de los cofrades del buró político incorporados a la magistratura, donde están ausentes los considerados en algún momento como reformistas, impide a ciencia cierta la posibilidad de audacia y racionalidad en sus propuestas.
Los agentes de cambio, en este caso, son las fuerzas prodemocráticas de la oposición al actual Gobierno. Ellas son las interesadas y capacitadas con su actuación, de promover las necesarias reformas para el sistema. Esto, si y solo si, logran articular mecanismos y estrategias de presión-negociación. Si logran articular la comunión con el exilio y los reformistas del Gobierno, para llevar a buen puerto a la nación cubana.